«¿Y qué tengo que decir?» Es la pregunta que más me hacen antes de una primera cita, y la respuesta corta es: nada en particular. Pero entiendo que eso no tranquiliza a nadie, así que te cuento cómo es.
Antes de entrar
No tienes que preparar nada. No necesitas un resumen ordenado de tu vida, ni haber identificado cuál es «el problema real», ni traer claro qué quieres lograr. Mucha gente llega diciendo «no sé ni por dónde empezar» y ese es un punto de partida perfectamente válido — de hecho es el más común.
Si te ayuda a estar más tranquila, lo único útil que puedes traer es una lista de medicamentos que tomes, si tomas alguno, y el nombre de profesionales que hayas visto antes. Nada más.
Los primeros minutos
Empiezo por lo administrativo, y lo hago primero a propósito: encuadre, duración, frecuencia, honorarios y —sobre todo— confidencialidad. Qué se queda en la sesión, que es prácticamente todo, y cuáles son las excepciones legales, que te explico con claridad para que sepas exactamente en qué terreno estás.
Después hago la pregunta abierta: «cuéntame qué te trae». Y a partir de ahí hablas tú.
Qué te voy a preguntar
No es un interrogatorio, pero hay información que necesito para no trabajar a ciegas:
- Qué está pasando ahora y desde cuándo. Cuándo empezó y qué estaba ocurriendo en tu vida en ese momento.
- Cómo te afecta en concreto: sueño, apetito, concentración, trabajo, relaciones. Esto me dice la intensidad mejor que cualquier adjetivo.
- Qué has intentado ya y qué funcionó, aunque fuera un poco.
- Algo de historia: familia, relaciones importantes, momentos difíciles. No hace falta contarlo todo en la primera hora, y no lo vamos a hacer.
- Preguntas de seguridad. Pregunto de forma directa si hay pensamientos de hacerte daño. Lo pregunto a todo el mundo, no porque sospeche algo de ti. Es parte de una evaluación responsable.
Qué NO tienes que hacer
- No tienes que llorar. Ni contenerte si te pasa. Las dos cosas están bien.
- No tienes que contarlo todo. Puedes decir «eso todavía no quiero hablarlo» y es una respuesta completamente aceptable. La confianza se construye; no se exige el primer día.
- No tienes que ser coherente. Puedes contradecirte, ir y volver, no recordar bien. Así es como habla la gente de lo que le duele.
- No tienes que estar «lo suficientemente mal». Esta es la creencia que más retrasa consultas. No hay un umbral de sufrimiento mínimo para pedir ayuda.
Con qué te vas
Al final de la primera hora te digo tres cosas, con honestidad:
- Qué entiendo que está pasando, en lenguaje claro. No un diagnóstico en la primera sesión —eso requiere más información— pero sí una hipótesis de trabajo.
- Si puedo ayudarte y cómo. Y si creo que lo que necesitas es otra cosa —evaluación psiquiátrica, neuropsicología, otro enfoque— te lo digo y te oriento. Prefiero derivarte bien que retenerte mal.
- Una idea del proceso: cada cuánto, aproximadamente cuánto tiempo, y qué vamos a trabajar primero.
Preguntas que puedes hacerme tú
Y deberías. Una primera sesión también es tu evaluación de mí:
- ¿Has trabajado antes con casos como el mío?
- ¿Desde qué enfoque trabajas?
- ¿Cómo sabremos si esto está funcionando?
- ¿Qué pasa si necesito escribirte entre sesiones?
¿Y si no conecto con la psicóloga?
Pasa, y es información válida, no un fracaso. La relación terapéutica es uno de los factores que más predice el resultado de una terapia — más que la técnica. Si después de una o dos sesiones no te sientes cómoda, decirlo está bien y buscar a otra persona también. Te lo digo yo misma en la primera sesión.
Sobre mi primera cita
En mi consulta la valoración inicial es gratuita y dura una hora completa — no quince minutos de cortesía. Lo hago porque creo que nadie debería tener que pagar para averiguar si puede ayudarle. Si al final decides no continuar, no pasa nada y no hay ningún compromiso.
Este artículo es información, no una consulta. Describe patrones generales y no sustituye una valoración profesional. Si algo de lo que leíste te describe, conversarlo con alguien que pueda evaluar tu caso concreto es el siguiente paso útil — la primera cita conmigo no tiene costo.
Si estás en peligro inmediato o tienes pensamientos de hacerte daño, no esperes una cita: llama al 911 o acude al servicio de urgencias más cercano.
Publicado el 25 de agosto de 2026 por Lic. Valeria Holguín, psicóloga clínica en Quito, Ecuador.